viernes, 18 de noviembre de 2011
Deporte.
En contadas ocasiones el deportista se da cuenta de los resultados que puede obtener realizando el trabajo planificado de un entrenador, durante una o dos temporadas; hay microciclos, mesociclos, entrenamientos rutinarios que el deportista salvo algunos despiertos, son tolerantes con estas pautas y que en ocasiones llega a la abulia, pero es aquí cuando los deportistas más capacitados pueden soportar estas monótonas sesiones. El entrenador con título, que no se regala, tiene en sus papeles, ordenador, cabeza, lo que a cada discípulo le es más conveniente, sabiendo de entrada que los resultados no se verán en días, todo lo contrario, pero con su cultura deportiva, tiene la suficiente confianza y que terminado el ciclo previsto, tendrá la recompensa del éxito. La fogosidad, el inconformismo, la impaciencia de cualquier joven por ver resultados ya, hacen que no aguante el ritmo que el maestro impone, de ahí el fracaso y deambular de una parte de los deportistas. Nos extrañaría observar aquí en España, como un entrenador Ruso, finalista olímpico en 400 ml. desconocía las horas del día para entrenar a sus discípulos, sirviéndole las 7, 15 o las 22 horas en doble jornada para entrenar, pero al final los resultados salían a flote. Cuestión de convinción en sus conocimientos y enseñanzas. Afortunadamente no todos somos iguales en esta vida y los maestros no podían ser una especie distinta, nos guste o no, el carácter de cada uno es desigual, pero su cultura y más en el deporte es similar por que ya está mucho escrito, solamente pueden cambiar sus métodos, pero entonces ¿quién fracasa?, generalmente el deportista no sujeto a su disciplina. Desde estas líneas animo a todos aquellos que consideran aburridos los entrenamientos, que con un pelín más de tolerancia hacia el entrenador sin perder el sentido del humor que siempre es bueno para la relajación, verían mejores resultados.
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